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nuevo león, méxico
SARA MEDINA
MANIFIESTO DEL FUTURISMO / RESPUESTA: MANIFIESTO EL PRESENTISMO
MANIFIESTO DEL FUTURISMO
I. Queremos cantar el amor al peligro, a la
fuerza y a la temeridad.
II. Los elementos capitales de nuestra poesía,
serán el coraje, la audacia y la rebelión.
III. Contrastando con la literatura que ha
magnificado hasta hoy la inmovilidad de
pensamiento, el éxtasis y el sueño, nosotros
vamos a glorificar el movimiento agresivo, el
insomnio febriciente, el paso gimnástico, el
salto arriesgado, las bofetadas y el puñetazo.
IV. Declaramos que el esplendor del mundo se
ha enriquecido de una belleza nueva: la
belleza de la velocidad. Un automóvil de
carrera con su vientre ornado de gruesas
tuberías, parecidas a serpientes de aliento
explosivo y furioso... un automóvil que
parece correr sobre metralla, es más
hermoso que la Victoria de Samotrhacia.
V. Queremos cantar al hombre que es dueño
del volante cuyo eje ideal atraviesa la Tierra
lanzada sobre el circuito de su órbita.
VI. Es necesario que el poeta se desviva, con
ardor, con fuego, con prodigalidad por
aumentar el fervor entusiasta de los
elementos primordiales, su ignición.
VII. No hay belleza más que en la lucha. No debe
admitirse un jefe de escuela si no tiene un
carácter recalcitrantemente violento. La
poesía debe ser un asalto agresivo contra las
fuerzas anónimas y desconocidas para
hacerlas que se inclinen ante el hombre.
VIII. ¡Estamos sobre el promontorio extremo de
los siglos! ¿A qué mirar detrás de nosotros,
que es como ahondar en la misteriosa alforja
de lo imposible? El Tiempo y el Espacio han
muerto. Vivimos ya en el Absoluto, puesto
que hemos creado la celeridad
omnipresente.
IX. Queremos glorificar la guerra—única higiene
del mundo—el militarismo, el patriotismo, el
gesto destructor de los anarquistas, las
bellas ideas que matan y el desprecio a la
mujer.
X. Queremos demoler los museos, las
bibliotecas, combatir el moralismo, el
feminismo y todas las cobardías oportunistas
y utilitarias
XI. Cantaremos a las grandes muchedumbres
agitadas por el trabajo, el placer o la
rebeldía, las resacas multicolores y polifonas
de las revoluciones en las capital es
modernas: la vibración nocturna de los
arsenales y de los almacenes bajo sus
violentas lunas eléctricas, las estaciones
ahitas, pobladas de serpientes atezadas y
humosas, las fábricas suspendidas de las
nubes por el bramante de sus chimeneas; los
puentes parecidos al salto de un gigante
sobre la cuchillería diabólica y mortal de los
ríos, los barcos aventureros olfateando
siempre el horizonte, las locomotivas en su
gran chiquero, que piafan sobre los railes,
bridadas por largos tubos fatalizados, y el
vuelo alto de los aeroplanos, en los que la
hélice tiene chasquidos de banderolas y de
salvas de aplausos, salvas calurosas de cien
muchedumbres.
Lanzamos en Italia este manifiesto de heroica
violencia y de incendiarios incentivos, porque
queremos librarla de su gangrena de profesores,
arqueólogos y cicerones.
Italia ha sido durante mucho tiempo el mercado
de los chalanes. Queremos librarla de los
innumerabl es museos que l a cubren de
innumerables cementerios.
¡Museos, cementerios! ¡Tan idénticos en su
siniestro acodamiento de cuerpos que no se
distinguen! Dormitorios públicos donde se
duerme siempre junto a seres odiados o
desconocidos. Ferocidad recíproca de pintores y
escultores matándose a golpes de línea y de
color en el mismo museo.
¡Que se les haga una visita cada año como
quien va a visitar a sus muertos llegaremos a
justificarlo!... ¡Que se depositen flores una vez
por año a los pies de la Joconda también lo
concebimos!... ¡Pero ir a pasear cotidianamente
a los museos, nuestras tristezas, nuestras
frágiles decepciones, nuestra cólera o nuestra
inquietud, no lo admitimos!
¿Queréis emponzoñaros? ¿Queréis podriros?
¿Qué podéis encontrar en un anciano cuadro si
no es la contorsión penosa del artista
esforzándose por romperlas barreras
infranqueables de su deseo de expresar
enteramente su sueño?
Admirar una vieja obra de arte es verter nuestra
sensibilidad en una urna funeraria en lugar de
emplearla más allá en un derrotero inaudito, en
violentas empresas de creación y acción.
¿Queréis malvender asi vuestras mejores
fuerzas en una admiración inútil del pasado de la
que saldréis aciagamente consumidos,
achicados y pateados?
En verdad que la frecuentación cotidiana de los
museos, de las bibliotecas y de las academias
(¡esos cementerios de esfuerzos perdidos, esos
calvarios de sueños crucificados, esos registros
de impetuosidades rotas...!) es para los artistas lo que la tutela prolongada de los parientes para
los jóvenes de inteligencia, esfervecidos de
talento y de voluntad.
Sin embargo, para los moribundos, para los
inválidos y para los prisioneros, puede ser
bálsamo de sus heridas el admirable pasado, ya
que el porvenir les está prohibido. ¡Pero nosotros
no, no le queremos, nosotros los jóvenes, los
fuertes y los vivientes futuristas!
¡Con nosotros vienen los buenos incendiarios
con los dedos carbonizados! ¡Heles aquí! ¡Heles
aquí! ¡Prended fuego en las estanterías de las
bibliotecas! ¡Desarraigad el curso de los canales
para inundar los sótanos de los museos! ¡Oh!
¡Que naden a la deriva los cuadros gloriosos!
¡Sean nuestros los azadones y los martillos!
¡Minemos los cimientos de las ciudades
venerables!...
Los más viejos entre nosotros no tienen todavía
treinta años; por eso nos resta todavía toda una
década para cumplir nuestro programa. ¡Cuando
tengamos cuarenta años que otros más jóvenes
y más videntes nos arrojen al desván como
manuscritos inútiles!...Vendrán contra nosotros
de muy lejos, de todas partes, saltando sobre la
ligera cadencia de sus primeros poemas,
agarrando el aire con sus dedos ganchudos, y
respirando a las puertas de las Academias el
buen olor de nuestros espíritus podridos, va
destinados a las sórdidas catacumbas de las
bibliotecas!...
Pero no, nosotros no iremos nunca allá. Los
nuevos adelantos nos encontrarán al fin, una
noche de invierno, en plena campiña, bajo un
doliente tinglado combatido por la lluvia,
acurrucados cerca de nuestros aeroplanos
trepidantes, en acción de calentarnos las manos
en la fogata miserable que nutrirán nuestros
libros de hoy ardiendo alegremente bajo el vuelo
luminoso de sus imágenes.
Se amotinarán al rededor de nosotros,
desbordando despecho, exasperados por
nuestro coraje infatigable, y se lanzarán a
matarnos con tanto más denuedo y odio, cuanto
mayores sean la admiración y el amor que nos
tengan en sus entrañas.
Y la fuerte y sana injusticia estallará
radiosamente en sus ojos. Y estará bien. Porque
el arte no puede ser más que violencia, injusticia
y crueldad.
Los más viejos de entre nosotros no tenemos
aún treinta años, y por lo tanto hemos
despilfarrado ya grandes tesoros de amor, de
fuerza, de coraje y de dura voluntad, con
precipitación, con delirio, sin cuenta, sin perder el
aliento, a manos llenas.
¡Miradnos! ¡No estamos sofocados! ¡Nuestro
corazón no siente la más ligera fatiga! ¡Está
nutrido de fuego, de valor y de velocidad! ¿Esto
os asombra? ¡Es que vosotros no os acordáis de
haber vencido nunca!
En pie sobre la cima del mundo arrojamos
nuestro reto a las estrellas!
¿Vuestras objeciones? ¡Basta! ¡Basta! ¡Las
conocemos! ¡Son las consabidas! ¡Pero estamos
bien cerciorados de lo que nuestra bella y falsa
inteligencia nos afirma!
–Nosotros no somos–decís–más que el resumen
y la prolongación de nuestros antepasados.
¡Puede ser! ¡Sea! ¿Y qué importa? ¡Es que
nosotros no queremos escuchar! ¡Guardaros de
repetir vuestras infames palabras! ¡Levantad,
más bien, la cabeza!
¡En pie sobre la cima del mundo lanzamos una
vez más el reto a las estrellas!
F.T. Marinetti,"Le Futurisme", Le Figaro, 20 de
febrero de 1909. Ofrecemos aquí la traducción
de Ramón Gómez de la Serna publicada en la
revista Prometeo (II, n¼ VI, abril 1909).
MANIFIESTO DEL PRESENTISMO
I. Repudiamos la alabanza al peligro, a la
fuerza y a la temeridad.
II. Los valores cardinales de nuestras poéticas
serán la empatía, la honestidad, y la
resiliencia.
III. Si bien el (tóxico) clima cultural magnifica
los valores tradicionalmente masculinos,
nosotrxs vamos a glorificar todo lo contrario
para subvertirlo y depurarlo.
IV. Declaramos que el esplendor del mundo se
ha enriquecido de una belleza nueva: la
belleza de la sororidad. El internet y las
redes sociales son una herramienta que
permite y facilita la comunicación y por tanto
la cicatrización de los lazos sociales y si se
usa consciente e inteligentemente,
representa el santo grial de la humanidad y
la solución a todos nuestros problemas.
V. Cantamos con voces suaves y susurros a
aquel l as personas cuyos espíritus y
existencias subvierten las hegemonías
modernas.
VI. Es necesario que quien vive se cuide, se
ame, proteja la chispa que le mantiene
andando.
VII. Hay belleza en todas partes. El cambio es
incómodo pero de la incomodidad se
resurge. Idealmente, hay que enfrentarse al
mundo con suavidad pero firmeza y
mantener la violencia como recurso de
emergencia.
VIII. Los siglos nos han construido, y somos
parte de aquello que construye el futuro. El
presente es el futuro del pasado. El Tiempo
y el Espacio no han muerto sino que se
abstrajeron. No existe el Absoluto.
IX. La guerra, el patriotismo, el militarismo, el
machismo, las matanzas, los asesinatos, y
demás conductas machistas son enemigos
públicos.
X. Queremos que nos acepten los museos y
las bibliotecas. Representan hegemonías
del conocimiento y queremos que sus
sistemas permitan polifonías. También
somos sentimentales y por ello necesitamos
que nos validen. Lo admitimos y hacemos
manifiesto intencionadamente.
XI. Trabajaremos para consolar a las grandes
muchedumbres agitadas por el trabajo y
adormecidas por los medios politizados y las
culturas del placer. Deberemos sentarnos y
escuchar diversos discursos. Todos
tendremos momentos de hablar pero
también momentos de callar.
Lanzamos desde México y con los ecos
polifónicos de América Latina y otras excolonias—sus
voces a menudo apachurradas
en la misma caja injustamente—este manifiesto
suave pero sólido, emocional, en itálicas, que
no busca salvar a nadie pero intenta redimir a
quien así lo quiera y liberar a estos lugares de
los monolitos que los apresan y mantienen
asfixiados.
Nuestras casas han sido por mucho tiempo sus
patios traseros y campos de deshechos sin
nuestro permiso, a fuerza de sangre y mentiras,
y queremos regresar a nuestros hogares.
Occidente, mis huevos. No tengo huevos. Bajo
esta palabra rara y abstracta se esconden
fuerzas que son distintas caras de lo mismo: la
colonialidad, la misoginia, el racismo, el
clasismo, el capacitismo, la homofobia, la
transfobia, y otras formas de marginalidad
forzada y exclusión. ¡Museos, cementerios!
¡Academias, cementerios! ¡Empresas,
cementerios! ¡Gobiernos, cementerios! ¡Calles,
cementerios! ¡Diccionarios, cementerios!
¡Instituciones, cementerios! ¡Mundo público,
cementerio! ¡Tan idénticos en su siniestro
acomodamient o de cuerpos que no se
distinguen! Siempre hombres, siempre blancos,
siempre heterosexuales, siempre genios, nunca
cuir, nunca cafés, nunca de otro lado, nunca
heterogéneos, nunca mujeres, nunca trans,
nunca gordos, nunca discapacitados, ¡un
monolito!
Valioso es el silencio. Valiosa la escucha.
Valioso el acto de sentarse. Sabia la persona
que comprende estos valores. Pongamos flores
a los pies de nuestros vivos, de nuestras
hermanas, de quienes comparten espacio con
nosotrxs. Agradezcamos. Honor emos a
nuestrxs difuntxs sin olvidar sus carencias y
errores. Entendernos humanxs parejxs incluye
eso.
En el silencio se encuentra la profundidad. En el
silencio se medita y en el silencio se encuentra.
En la contemplación se analiza y se comprende,
en la meditación se aclara y se decide, y con las
manos se actúa. Los impulsos de un cuerpo
nutrido son valiosos.